"El único límite a la opresión del Gobierno es la fuerza con la que el pueblo se muestre capaz de oponérsele.
El conflicto puede ser abierto o estar latente, pero siempre existe, ya que el Gobierno no presta atención al descontento y a la resistencia popular, excepto cuando percibe riesgo de una insurrección.
Cuando el pueblo acata dócilmente la ley, o sus protestas son poco convincentes y se reducen a meras palabras, el Gobierno proyecta sus propios intereses e ignora las necesidades de la gente. Cuando las protestas son enérgicas, insistentes, amenazantes, el Gobierno, dependiendo de si es más o menos comprensivo, se hunde o recurre a la represión. Pero uno siempre vuelve a la insurrección porque si el Gobierno no se hunde, el pueblo terminará rebelándose, y si el Gobierno se hunde, el pueblo ganará confianza e irá incrementando sus demandas hasta el momento en que la incompatibilidad entre la libertad y la autoridad sea evidente y surja la lucha violenta.
Por tanto, es necesario estar preparado, moral y materialmente, de tal forma que cuando esto pase, el pueblo salga victorioso."
Errico Malatesta, 1920.